Pizarnik construye su subjetividad desde el concepto de la mujer solitaria, ese regresar al origen, donde la mujer guarda relación con la naturaleza y su independencia.
De igual manera, ella acepta su modo de ser y expresarse, como parte de su conducta revolucionaria. Brinda valor a su construcción como mujer y a la expresión que tiene en el entorno social. El uso de la voz es parte de la aceptación y del cambio con la imposición social.

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